Lunes 20 de Noviembre de 2017

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Sistema Inmunológico

El sistema inmunológico o sistema inmunitario, que está compuesto por células, proteínas, tejidos y órganos especiales, nos protege contra los gérmenes y microorganismos que nos acechan en nuestra vida cotidiana. En la mayoría de los casos, el sistema inmunitario realiza un gran trabajo manteniéndonos sanos y previniendo posibles infecciones. Pero a veces los problemas del sistema inmunitario pueden provocar enfermedades e infecciones.

¿Qué es el sistema inmunitario y qué funciones desempeña?

El sistema inmunitario es el sistema de defensas del cuerpo contra los organismos infecciosos y otros agentes invasores. A través de una serie de pasos denominada respuesta inmunitaria, el sistema inmunitario ataca a los organismos y sustancias que invaden nuestro cuerpo y que podrían provocarnos enfermedades. El sistema inmunitario está compuesto por una red de células, tejidos y órganos que colaboran entre sí para proteger nuestros cuerpos.
Las células que forman parte de este sistema de defensa son los glóbulos blancos, o leucocitos. Los hay de dos tipos básicos diferentes (que veremos más adelante), que trabajan conjuntamente y se complementan para localizar y destruir los organismos o sustancias que provocan las enfermedades.

 

Los leucocitos se fabrican o almacenan en muchas partes diferentes del cuerpo, incluyendo el timo, el bazo y la médula ósea. Por este motivo, estos órganos se denominan órganos linfoides. También hay cúmulos de tejido linfoide en todo el cuerpo, prioritariamente en forma de ganglios linfáticos, que también albergan leucocitos en su interior.
Los leucocitos circulan por todo el cuerpo entre órganos y nódulos a través de los vasos linfáticos. (Puede pensar en los vasos linfáticos como una especie de autopista entre áreas de descanso, que serían los órganos linfoides y los ganglios linfáticos). Los leucocitos también pueden circular a través de los vasos sanguíneos. De este modo, el sistema inmunitario funciona de forma coordinada para detectar cualquier sustancia que pudiera provocar problemas.

Hay dos tipos básicos de leucocitos:

  • Los fagocitos son células que destruyen a los organismos invasores fagocitándolos, es decir, devorándolos literalmente.
  • Los linfocitos vienen a ser como la memoria del cuerpo en lo que a infecciones se refiere, ya que le permiten recodar y reconocer a invasores previos.

Hay diversos tipos de células que se consideran fagocitos. El tipo más frecuente son los neutrófilos. Éstos luchan prioritariamente contra las bacterias. De modo que, cuando a un médico le preocupa que un paciente pueda tener una infección bacteriana, puede solicitar un análisis de sangre para averiguar si el paciente tiene o no una cantidad de neutrófilos por encima de lo normal desencadenada por la supuesta infección. Otros tipos de fagocitos desempeñan otras funciones para asegurar que el cuerpo reacciona adecuadamente a tipos específicos de invasores.

Hay dos tipos de linfocitos: los linfocitos B y los linfocitos T. Los linfocitos se fabrican en la médula ósea y, bien permanecen allí y maduran a linfocitos B, o bien se desplazan hasta el timo, donde maduran a linfocitos T. Los linfocitos B y los linfocitos T desempeñan funciones diferentes:

  • los linfocitos B vienen a ser el sistema de inteligencia militar del cuerpo, encargadas de buscar a los invasores y enviarles soldados para que los ataquen.
  • Los linfocitos T son los soldados, encargadas de destruir a los invasores que ha identificado el sistema de inteligencia. He aquí como funciona el proceso:

Las sustancias que invaden el organismo se denominan antígenos. Cuando se detecta un antígeno en el organismo, varios tipos distintos de células colaboran para identificarlo y reaccionar en consonancia. Estas células desencadenan la producción de anticuerpos en los linfocitos B. Los anticuerpos son proteínas especializadas que se adhieren a antígenos específicos. Los anticuerpos y los antígenos encajan perfectamente entre sí como si se tratara de una llave y una cerradura.

Una vez los linfocitos B fabrican los anticuerpos, esos anticuerpos siguen existiendo en el organismo de la persona. Eso significa que, si el mismo antígeno volviera a entrar en el organismo de esa persona, los anticuerpos ya estarían allí para cumplir con su función. Por eso, cuando una persona enferma de determinada enfermedad, como la varicela, lo más habitual es que no vuelva a contraer la misma enfermedad. Y por eso también utilizamos las vacunas, a modo de prevención, así las personas vacunadas no contraen determinadas enfermedades. Lo que hace una vacuna es introducir en el organismo el antígeno de un modo que no enferma a la persona vacunada pero que desencadena en su organismo la respuesta de fabricación de anticuerpos que la protegerán de ataques futuros del germen o sustancia causante de la enfermedad.

Aunque los anticuerpos pueden reconocer un antígeno y adherirse a él, no pueden destruirlo sin ayuda. Y ahí es donde intervienen los linfocitos T. Estos forman parte del sistema que destruye los antígenos que han sido identificados ya sea por los anticuerpos o por aquellas células que han sido infectadas o han cambiado por algún motivo. De hecho, algunos de los linfocitos T se denominan células asesinas, o células k (por el inglés; killer = asesino). Los linfocitos T también contribuyen a indicar a otras células (como los fagocitos) que desempeñen su función.

Los anticuerpos también tienen la facultad de neutralizar toxinas (sustancias venenosas o nocivas) fabricadas por diversos organismos. Y, por último, los anticuerpos pueden activar un grupo de proteínas denominadas complemento que también forman parte del sistema inmunitario. El sistema del complemento participa en la destrucción de bacterias, virus y células infectadas.

Todas estas células altamente especializadas y órganos del sistema inmunitario ofrecen al organismo protección contra las enfermedades. Esta protección se denomina inmunidad. Los seres humanos tienen tres tipos de inmunidad -innata, adaptativa y pasiva.

  • Inmunidad innata. Todo el mundo viene al mundo con una inmunidad innata (o natural), una suerte de protección general que compartimos todos los seres humanos. Muchos de los gérmenes que afectan a otras especies no resultan nocivos para el ser humano. Por ejemplo, los virus que provocan leucemia en los gatos o el moquillo en los perros no nos afectan a los seres humanos. La inmunidad innata funciona en ambos sentidos, ya que algunos virus que nos enferman a los humanos –como el VIH (virus de la inmunodeficiencia humana) que puede provocar el SIDA (síndrome de inmunodeficiencia adquirida)- no enferma ni a los gatos ni a los perros.
    La inmunidad innata también incluye las barreras externas del cuerpo, como la piel y las mucosas (que cubren el interior de la nariz, la garganta y el tubo digestivo) y que son nuestra primera línea de defensa contra las enfermedades. Si se quiebra esta primera línea de defensa (como cuando nos cortamos), la piel se intenta cerrar lo más deprisa posible mientras que las células inmunitarias especiales de la piel atacan a los gérmenes invasores.
  • Inmunidad activa. Tenemos un segundo tipo de protección denominado inmunidad activa. Este tipo de inmunidad se desarrolla a lo largo de la vida de una persona. En la inmunidad activa participan los linfocitos (como en el proceso descrito previamente), y este tipo de inmunidad se desarrolla conforme los niños y adultos se exponen a enfermedades o se inmunizan contra determinadas enfermedades al recibir distintas vacunas.
  • Inmunidad pasiva. La inmunidad pasiva es un tipo de protección de origen externo y que tiene una duración breve. Por ejemplo, los anticuerpos que contiene la leche materna proporcionan al lactante una inmunidad temporal contra aquellas enfermedades a que se ha expuesto la madre. Esto puede ayudar a proteger a los lactantes contra esas infecciones durante los primeros años de vida.

El sistema inmunitario de cada persona es distinto. Algunas personas parece que nunca contraen infecciones, mientras que otras parecen enfermar constantemente. Conforme una persona se va haciendo mayor, se suele hacer inmune a más gérmenes, a medida que su sistema inmunitario entra en contacto con más y más tipos diferentes de gérmenes. Por eso los adultos y los adolescentes se acatarran menos que los niños –sus cuerpos han aprendido a reconocer y atacar inmediatamente a muchos de los virus que provocan los catarros.

Problemas que pueden surgir en el sistema inmunitario

Los trastornos del sistema inmunitario se pueden dividir en cuatro categorías principales:

  • Trastornos por inmunodeficiencia (primaria o adquirida)
  • Trastornos autoinmunitarios (en los cuales el sistema inmunitario ataca a sus propios tejidos por error, tomándolos por tejidos ajenos)
  • Trastornos alérgicos (en los cuales el sistema inmunitario reacciona de forma desproporcionada ante determinados antígenos)
  • Cánceres del sistema inmunitario.

Trastornos por inmunodeficiencia

La inmunodeficiencia ocurre cuando se carece de una parte del sistema inmunitario o bien hay alguna parte de él que no funciona de forma adecuada. Algunas personas nacen con inmunodeficiencias –denominadas, en este caso, inmunodeficiencias primarias. (Aunque las inmunodeficiencias primarias son trastornos con los que se nace, es posible que sus síntomas no se manifiesten hasta momentos posteriores de la vida.) Las inmunodeficiencias también se pueden adquirir a través de infecciones o al someterse a ciertos tratamientos farmacológicos. Este tipo de inmunodeficiencias a veces se denominan inmunodeficiencias secundarias.
Las inmunodeficiencias pueden afectar a los linfocitos B, los linfocitos T o los fagocitos. Algunos ejemplos de inmunodeficiencias primarias que pueden afectar a niños y adolescentes son:

  • La deficiencia de IgA. Es el trastorno por inmunodeficiencia más frecuente. La IgA es una inmunoglobulina que se encuentra prioritariamente en la saliva y otros fluidos y que ayuda a proteger las aberturas del cuerpo contra los organismos invasores. La deficiencia de IgA es un trastorno en el cual el cuerpo no fabrica suficientes anticuerpos IgA. Las personas con deficiencia de IgA son más proclives a las alergias o a los catarros y otras infecciones de las vías respiratorias, aunque no suelen ser graves.
  • La inmunodeficiencia combinada grave. También conocida como la “enfermedad del niño burbuja” a raíz de un niño de Texas que vivió en una burbuja de plástico libre de gérmenes, se trata de un trastorno grave del sistema inmunitario. Está provocado por la ausencia tanto de linfocitos B como de linfocitos T, lo que hace casi imposible luchar contra las infecciones.
  • El síndrome de DiGeorge (displasia tímica). Se trata de una malformación consistente en la ausencia de timo al nacimiento. Es un ejemplo de enfermedad de los linfocitos T primaria. El timo es la glándula donde suelen madurar los linfocitos T.
  • El síndrome de Chediak-Higashi y la enfermedad granulomatosa crónica. Ambas se caracterizan por la incapacidad de los neutrófilos de funcionar con normalidad como fagocitos.

Las inmunodeficiencias adquiridas se suelen desarrollar tras contraer determinadas enfermedades, aunque también pueden estar provocadas por la desnutrición, quemaduras u otros problemas médicos. Determinados fármacos también pueden provocar problemas en el funcionamiento del sistema inmunitario. Algunos ejemplos de inmunodeficiencias secundarias son:

  • La infección por el VIH (virus de la inmunodeficiencia humana) / SIDA (síndrome de inmunodeficiencia adquirida). Se trata de una enfermedad que va destruyendo lenta y progresivamente el sistema inmunitario. Está provocada por el VIH, que aniquila ciertos tipos de linfocitos denominados células T cooperadoras. Sin este tipo de células, el sistema inmunitario no puede defender al cuerpo contra organismos normalmente inofensivos, los cuales pueden provocar infecciones muy graves en las personas con SIDA. Los bebés pueden contraer la infección por VIH si sus madres están infectadas mientras están en el útero, durante el parto o a través de la lactancia. Los jóvenes y adultos pueden contraer esta infección al mantener relaciones sexuales sin protección con una persona infectada o al compartir agujas contaminadas para inyectarse drogas o esteroides o al hacerse tatuajes.
  • Las inmunodeficiencias provocadas por fármacos. Hay varios fármacos que deprimen la respuesta del sistema inmunitario. Por ejemplo, uno de los inconvenientes de la quimioterapia que se utiliza para tratar el cáncer es que no solo destruye las células cancerosas, sino también otras células sanas y de rápido crecimiento, incluyendo las que se fabrican en la médula ósea y otras partes del sistema inmunitario. Por otra parte, las personas con trastornos autoinmunitarios o que se han sometido a un trasplante de órganos pueden necesitar medicarse con fármacos inmunodepresores. Estos fármacos pueden reducir la capacidad del sistema inmunitario para hacer frente a las infecciones, pudiendo provocar una inmunodeficiencia secundaria.

Trastornos autoinmunitarios

En los trastornos autoinmunitarios, el sistema inmunitario ataca equivocadamente órganos y tejidos sanos del cuerpo como si fueran invasores. Algunos ejemplos de enfermedades autoinmunitarias incluyen:

  • El lupus es una enfermedad crónica caracterizada por el dolor y la inflamación de músculos y articulaciones. La respuesta inmunitaria anómala también puede afectar a los riñones y otros órganos.
  • La artritis reumatoide juvenil es una enfermedad en la cual el sistema inmunitario actúa como si determinadas partes del cuerpo, como las articulaciones de las rodillas, las manos y los pies, fueran tejidos extraños y los ataca.
  • La esclerodermia es una enfermedad autoinmunitaria crónica que puede provocar inflamación y lesiones en la piel, articulaciones y órganos internos.
  • La espondilitis anquilosante es una enfermedad caracterizada por la inflamación de la columna vertebral y de las articulaciones, lo que causa dolor y rigidez.
  • La dermatomiositis juvenil es un trastorno que se caracteriza por inflamación y lesiones en piel y músculos.

Trastornos alérgicos

Los trastornos alérgicos ocurren cuando el sistema inmunitario reacciona desproporcionadamente al exponerse a determinados antígenos ambientales. Las sustancias que provocan esas reacciones desproporcionadas se denominan alergenos. La respuesta inmunitaria puede cursar con síntomas como hinchazón, ojos llorosos y estornudos, e incluso una reacción que puede poner en peligro la vida del paciente denominada anafilaxia. Tomando unos medicamentos denominados antihistamínicos se pueden aliviar muchos de estos síntomas. Algunos ejemplos de trastornos alérgicos son los siguientes:

    • El asma, un trastorno respiratorio que puede provocar dificultades para respirar, generalmente se debe a una reacción alérgica por parte de los pulmones. Si los pulmones reaccionan de forma desproporcionada ante determinados alergenos (como el polen, el moho, la caspa animal o los ácaros del polvo), esa reacción puede desencadenar un estrechamiento de los bronquios y bronquíolos (los tubitos que hay en el interior de los pulmones), reduciéndose el aporte de aire y dificultando la respiración.
    • El eccema es una erupción asociada a picor y descamación de la piel, también conocida como dermatitis atópica. A pesar de que la dermatitis atópica no siempre está provocada por una reacción alérgica, es más frecuente en aquellos niños y jóvenes que padecen alergias, fiebre del heno o asma o que tienen antecedentes familiares de estos trastornos. 
    • Las alergias. Existen distintos tipos de alergias que pueden afectar a niños y jóvenes. Las alergias ambientales (a los ácaros del polvo, por ejemplo), las alergias estacionales (como la fiebre del heno), las alergias a medicamentos (reacciones a fármacos específicos), las alergias alimentarias (como a los frutos secos), y las alergias a las toxinas (por ejemplo, al veneno de abeja) son trastornos relativamente frecuentes que se engloban bajo el nombre de “alergias”.

Cánceres del sistema inmunitario

Los cánceres ocurren cuando las células se reproducen de forma descontrolada. Esto también puede ocurrir con las células del sistema inmunitario. El linfoma es un cáncer del tejido linfoide y es uno de los cánceres más frecuentes en la infancia. La leucemia, consistente en una reproducción excesiva y anómala de leucocitos, es el cáncer infantil más frecuente. Con los medicamentos actuales, la mayoría de ambos tipos casos de cáncer en niños y jóvenes tienen curación.

A pesar de que los trastornos del sistema inmunitario generalmente no se pueden prevenir, usted puede contribuir a que el sistema inmunitario de su hijo permanezca fuerte y luche contra las enfermedades manteniéndose bien informado sobre el trastorno concreto que padece su hijo y colaborando estrechamente con el pediatra de su hijo.

fuente: kidshealth.org